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Aceptar la tristeza: cuando no tener todo bajo control también esta bien

No sé cuántas veces en mi vida creí que si me esforzaba lo suficiente, podría mantener todo en orden. El matrimonio, los hijos, la casa, la salud, los sueños… todo en su sitio, todo bien planificado. 

Pero la vida tuvo otros planes:

Un divorcio que me obligó a reinventarme.

Desilusiones amorosas que me hicieron replantear lo que merezco.

Separaciones de quienes más he amado.

Migrar a otro país dejando atrás mi casa.

Y ahora, el nido vacío, porque mis hijas tomaron sus propios caminos.

A veces, incluso la soledad se instala en la cocina mientras preparo café en la mañana, recordándome que el control es una ilusión bonita, pero irreal.

Y mientras vivo este momento de mi historia, el mundo allá afuera también arde: guerras que nos duelen, aunque no sean nuestras, injusticias, crisis que cambian los planes de un día para otro.

De hecho, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre el 4 % y el 5 % de los adultos en el mundo—entre 280 y 300 millones de personas—viven con depresión, una condición vinculada con la tristeza profunda y persistente. En mayores de 60 años, la cifra alcanza el 5,7 %.

Esto nos recuerda que la tristeza no es un error personal, sino una experiencia humana compartida, especialmente en tiempos difíciles.

ramas nieve

❄️ Invernar también es vivir

En medio de este desorden, he aprendido que no tener todo bajo control no es un fracaso, es parte de la vida. Y está bien.

Katherine May, en su libro Invernando, nos recuerda que la tristeza no es un error, sino una estación necesaria. Hay que aprender aceptar la tristeza.  Así como la tierra descansa en invierno, nuestras vidas también necesitan pausas para poder florecer de nuevo.

May usa el invierno como una metáfora para esas etapas de crisis —enfermedad, pérdidas, rupturas, agotamiento— que nos obligan a detenernos y reconfigurar nuestra vida.

En Invernando, la autora sugiere que parar, retirarse y refugiarse no es una derrota, sino una estrategia para sanar. La invernada posibilita una regeneración profunda que prepara el terreno para una primavera renovada.

mujer tiste

💬 Reconoce y vive tu tristeza

En este proceso de aprender a habitar la tristeza sin miedo, encontré alivio en las palabras de Brené Brown, investigadora en la Universidad de Houston (te recomiendo mucho su charla TED), quien ha dedicado su vida a estudiar la vulnerabilidad y la conexión humana. Ella dice:

“No podemos adormecer selectivamente las emociones.

Cuando adormecemos las dolorosas, también adormecemos las positivas.”

Esto me hizo recordar la película Intensa-Mente (Inside Out): cuando intentas cerrarle la puerta a la tristeza, a la decepción o a la soledad, también cierras la puerta a la alegría, al amor y a la gratitud.

Sentir tristeza no es fallar. Es abrir el corazón para sentir también la belleza de lo que sí está vivo en mí.

🌱 ¿Qué sí puedo cuidar?

En lugar de luchar por controlar lo incontrolable, he aprendido a cuidar lo que sí puedo transformar:

  • Mi cuerpo: Cuidarme ya no es un mandato de perfección, sino un acto de amor. Salgo a caminar, estiro mi cuerpo aunque duelan las rodillas, descanso sin culpa.

  • Mi entorno cercano: Ordeno un pequeño rincón con fotos que me hacen sonreír, enciendo una vela, preparo una infusión, abro las ventanas para dejar entrar la luz.

  • Mi bienestar emocional: Ya no veo la tristeza como enemiga, sino como una maestra que me invita a ir más despacio.

    yoga

💡 Algunas estrategias que sostienen cuando se acepta la tristeza

  • Escribir lo que siento en un cuaderno, sin juzgarme.
  • Crear pequeños rituales de cuidado: un baño largo, tejer, regar las plantas.
  • Buscar momentos de naturaleza, aunque solo sea caminar por la cuadra.
  • Practicar la gratitud pequeña: un café caliente, un mensaje de mi hija, el canto de un ave.
  • Habitar la tristeza con curiosidad: ¿qué quiere mostrarme?
  • Conversar con alguien de confianza, recordando que no estoy sola.

🧘‍♀️ Un microejercicio práctico: R.A.I.N

Cuando sientas que la tristeza te sobrepasa, prueba con el ejercicio R.A.I.N., creado por Tara Brach. Es una herramienta sencilla de mindfulness y compasión para acompañarte cuando la emoción se vuelve abrumadora:

R – Reconocer: Nombrar lo que sientes. Esto activa la conciencia plena, reduce la reactividad automática y permite ver la emoción con claridad.

A – Aceptar: Dejar que esté presente sin resistencia. El sistema nervioso se relaja.

I – Investigar: Explorar con curiosidad: ¿qué siento? ¿Dónde lo siento en el cuerpo? ¿Qué necesita esta emoción?

N – Nutrir: Responder con cuidado. Hablarte con ternura. Ofrecerte compasión. Según Kristin Neff, esto disminuye la autocrítica, reduce el cortisol y activa el bienestar interior.

En conjunto, este ejercicio convierte una emoción abrumadora en una experiencia procesable. Nos ayuda a sostener la tristeza con ternura y apertura, lo que fortalece la resiliencia emocional.

🌼 El invierno no es el final

Aceptar nuestra tristeza y vivirla de forma activa nos da espacio para sanar con suavidad, mientras recordamos que somos más fuertes de lo que creemos.

Hoy, respira.

Suelta lo que no está en tus manos.

Y cuida con ternura aquello que sí puedes transformar:

tu cuerpo, tu entorno, tu paz interior.

🌀 No todo está bajo control.

Y eso también está bien.

floreciendo en invierno

Amigas que salvan: la red que necesitamos para no naufragar

Podemos pasar meses y años sin vernos; compartimos memes y mensajes de vez en cuando, pero cuando llega el momento, nos abrazamos y retomamos la conversación como si no hubiera pasado un día. Hablamos de nuestros males, de nuestros retos, miedos, amores y desamores con la certeza de que la otra sabe perfectamente de qué y de quiénes hablamos.

¿Cuándo fue la última vez que te permitiste un encuentro sin prisas con tus amigas?

Hace unos días me encontré con una charla TED que tenía el siguiente título: ¿Por qué la amistad puede ser tan significativa como el amor romántico? Según Rhaina Cohen, productora y autora estadounidense, es importante repensar las amistades adultas como relaciones tan significativas y fundamentales como las relaciones románticas.

En una época en la que las tasas de matrimonio están en descenso, la de divorcios en ascenso y hay una epidemia de soledad, Cohen aboga por que cultivemos nuestras amistades y les demos un lugar central en nuestra vida emocional:

“Debilitamos las relaciones románticas al esperar demasiado de ellas, mientras que disminuimos las amistades al esperar muy poco de ellas.”

Tenemos la tendencia a concentrar demasiada energía, tiempo y emociones en las relaciones de pareja (y hay mucha presión social para que así sea) y, a medida que nuestras vidas se complican, comenzamos a dejar fuera de nuestras prioridades a nuestras amistades, minimizando ese espacio para esas “otras” personas especiales de nuestras vidas.

Pero llega el momento en que te das cuenta de que las amigas (o amigos) dejan de ser simplemente compañeros de buenos momentos para convertirse en verdaderos salvavidas emocionales.

 

Un espacio seguro

Tener amistades genuinas nos ofrece un espacio seguro donde la vulnerabilidad es permitida; nos brinda el lugar en el que podemos quitarnos las máscaras sociales, expresar miedos profundos, compartir los errores y las alegrías sin miedo al juicio o la crítica.

¿Yo quiero tener un millón de amigos?

No, no se trata de tener millones de amigos; son esos amigos entrañables, los verdaderamente cercanos, los que de verdad cuentan.

Los beneficios emocionales y psicológicos de estas amistades profundas están ampliamente documentados. Las amistades cercanas pueden aliviar la ansiedad, reducir los niveles de estrés y fomentar una sensación auténtica de felicidad y bienestar emocional. Diversos estudios han confirmado que las personas con redes de amistad sólidas tienden a experimentar mayor longevidad, mejor salud mental y un bienestar emocional más robusto.

amigas cafe

¿Qué hace tan poderosas estas amistades?

  1. Honestidad profunda. En estas relaciones podemos mostrarnos exactamente como somos, con nuestras dudas, errores y éxitos, sin necesidad de maquillajes ni filtros.

  2. Apoyo incondicional. A diferencia de otros vínculos que a veces están teñidos por expectativas o presiones, nuestras amigas simplemente nos aceptan, acompañan y sostienen, incluso cuando cometemos errores.

  3. Empatía profunda. Nuestras amigas comprenden íntimamente lo que significa atravesar momentos clave como la menopausia, separaciones o cambios profesionales, brindando una comprensión que pocas relaciones pueden igualar.

Construir y mantener una red sólida de amigas

Crear y cultivar una red sólida de amigas después de los 40 requiere un esfuerzo consciente. A diferencia de las amistades más jóvenes, que a menudo surgían naturalmente en la escuela o universidad, las amistades adultas requieren compromiso y regularidad.

Cómo construir (y mantener) una red de amigas valiosas:

  • Prioriza encuentros regulares: no importa cuán ocupada estés, establece rituales semanales o mensuales que aseguren tiempo de calidad juntas. Puede ser una cena mensual, un café semanal o una caminata cada domingo.

  • Comunícate con honestidad: cultiva la comunicación abierta y auténtica. Si algo te preocupa o te incomoda, exprésalo con claridad y amor. Las relaciones profundas prosperan con la sinceridad.

  • Celebra lo cotidiano: no esperes grandes ocasiones para juntarte. Pequeños momentos cotidianos fortalecen más los vínculos que los eventos especiales.

  • Mantén la empatía activa: siempre ponte en el lugar de la otra. Escuchar activamente y validar sus sentimientos crea lazos profundos y duraderos.

Pedir y aceptar ayuda

Una parte esencial de estas amistades es aprender a pedir y aceptar ayuda. Muchas mujeres hemos sido educadas para ser autosuficientes, lo que puede generar dificultades para mostrar vulnerabilidad o solicitar apoyo. Pero pedir ayuda no es una muestra de debilidad, sino de fortaleza emocional y confianza en nuestras amigas.

Pedir ayuda claramente, sin excusas ni vergüenza, fortalece y profundiza la amistad, creando un círculo virtuoso de apoyo mutuo. Aprender a aceptar ayuda con gratitud es tan poderoso como ofrecerla. Este intercambio constante de dar y recibir genera un tejido emocional fuerte y resistente que puede sostenernos en los momentos más oscuros y desafiantes.

Cuando aprendemos a depender emocionalmente de nuestras amigas de manera sana y equilibrada, experimentamos una sensación profunda de seguridad y bienestar.

Un tesoro emocional

En definitiva, tener amigas significativas no es un lujo ni un capricho pasajero: es una necesidad fundamental para el bienestar emocional, especialmente cuando llegamos a la adultez. Como plantea Rhaina Cohen, colocar a las amigas en el centro de nuestras vidas adultas es reconocer que el amor, el apoyo y la comprensión no se limitan a las relaciones románticas o familiares tradicionales.

Quizá la próxima vez que envíes ese mensaje urgente al grupo de amigas buscando apoyo emocional, recuerdes que no solo estás pidiendo ayuda, sino fortaleciendo un vínculo que es clave para tu salud emocional y felicidad.

La red que has tejido cuidadosamente con tus amigas es tu mayor tesoro emocional, capaz de rescatarte una y otra vez cuando parece que estás a punto de naufragar.

Porque, finalmente, cuando todo cambia a nuestro alrededor, son nuestras amigas quienes permanecen, ofreciéndonos el más auténtico y profundo refugio emocional.

Nunca olvides celebrarlas, nutrirlas y valorarlas, porque en ellas reside una parte esencial de tu bienestar y felicidad.

Comparte este artículo con las amigas que forman parte de tu red. Cultiva esa maravillosa fuente de bienestar; quizá sea una hermosa manera de recordarles cuán importantes son y cuánto las aprecias.

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